COMPARATIVA Ford Focus ST/ Astra OPC / Mégane Sport
Cuando la conducción deportiva no es lo políticamente correcto en los tiempos que corren, resulta curioso y a la vez gratificante, comprobar como proliferan las versiones ultrapotenciadas. En este sentido, el mercado de los GTi resurge de sus cenizas, aunque de manera distinta a como antaño ocurría. Ya no se trata sólo de transmitir sensaciones fuertes al volante sino de combinar éstas con la comodidad en su conducción y un equipamiento de lujo
Bienvenido Alcántara Fotos: Álvaro Jiménez/Víctor Gascón
Nuestros protagonistas están situados en la cumbre del segmento, gracias a que superan los dos centenares de caballos. De esta manera hemos querido reunir a lo más codiciado del segmento, a excepción de los estratosféricos VW Golf R32 (Motor V6, tracción total y 250 caballos) y BMW 130i (seis cilindros en línea, tracción trasera y 265 caballos), que se sitúan un punto por encima tanto en configuración mecánica como en potencia y precio. Así pues nos quedamos con nuestros tres protagonistas, todos ellos de tracción delantera y con motores turboalimentados. El último en aterrizar en este codiciado grupo es el Ford Focus ST, quien se ve las caras a igualdad de potencia con el Mégane Sport de Renault de 225 caballos de potencia. Ambos se enfrentan con el Astra más potenciado de toda la historia con 240 caballos, el OPC.
Todos ellos recurren a motores de dos litros, salvó el Focus que acude a un 2,5 litros de origen Volvo, que le ha servido para imponer su ley en el capítulo de recuperaciones, gracias a contar con una mayor entrega del par motor. Culpa de ello lo tiene el intenso trabajo realizado por Ford Team RS en la gestión electrónica de esta mecánica, para lograr establecer una curva de par muy plana, que alcanza su valor máximo de 320 Nm a sólo 1.600 rpm.
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En cuanto a potencia se refiere la palma se la lleva el Astra, ya que el trabajo realizado por la división deportiva de la marca, Opel Performance Centre, ha servido para generar todo un "pepino" de 240 caballos frente a los 225 caballos que entregan tanto el Focus ST como el Mégane Sport. Para lograr esto se ha llevado a cabo una concienzuda actualización en el modelo de Opel del motor 2.0 litros Turbo de 200 CV. Para empezar, el mencionado motor ha sustituido los pistones por otros forjados en aluminio, tratados con silicio y refrigerados por chorro de aire. Se han eliminado los ejes de equilibrado, con el objetivo de reducir las masas rodantes y mejorar la respuesta del motor. Por último se ha incrementado la presión de soplado del turbo hasta alcanzar los 1,2 bares con los que extraer esos 40 caballos "extra". Para colmo la turbina tiene la particularidad de estar integrada en un único módulo que integra la carcasa de la misma, el colector de admisión y la válvula de descarga. El resultado: un motor que empuja con mucha fuerza desde abajo. Sin lugar a dudas es el elemento que más llega a sorprender. Desde su bronco sonido que retumba en el ambiente hasta su brutal patada, que comienza a 2.000 rpm, vuelve a repetir a 3.000 rpm y genera su mayor contundencia a 4.000 revoluciones. Todo ello da muestras del por qué de su capacidad de aceleración frente a sus rivales, a cambio de restar algo de incomodidad a los acompañantes, que se ven sometidos por seis fervientes latigazos, uno por cada velocidad insertada. Las sensaciones pueden llevar a engaño. Montados a bordo del mismo parece difícil de seguir por parte de sus rivales, aunque cuando observamos las cifras mostradas tanto por el ST en materia de recuperaciones y por el Mégane en aceleraciones, nada más lejos dela realidad. El motivo: al Astra le cuesta transmitir tanta potencia al suelo para dosificar esos 240 caballos de potencia al tren delantero, por lo que hay frecuentes pérdidas de motricidad. En los tres los consumos son directamente proporcionales a lo contemplativos que seamos con el acelerador. A ritmos legaless nuestros compañeros de viajes generaban una media de consumo de 9,3 litros/100 km en el caso del ST, por los 9,5 del Mégane y los 9,6 del Astra. En conducción deportiva a lo largo de la prueba también el modelo de Opel resultó ser el más bebedor con 15,9 litros/100 km de media, frente a los 15,7 y 15,5 litros/100 km de los modelos de Renault y Ford, respectivamente.
A la hora de enfrentarlos en carretera, cabe señalar que encontramos el Astra el más confortable del terceto en vías rápidas, siempre y cuando no le demos al botón del IDS Plus, que endurece la suspensión pilotada. Tras éste se encuentra el Focus, quien a pesar de tener también unas suspensiones muy enérgicas digiere con gran eficiencia las irregularidades del firme. Por último queda el Mégane, ya que se muestra el más duro del terceto, ante este tipo de vías.
¡Agárrense, que vienen curvas! Cuando nos adentramos en carretera de montaña la situación varía por completo. Aquí el más fácil de conducir es sin lugar a dudas el Focus gracias a su buena motricidad, su dirección tan precisa de cara a informar al conductor de todo lo que acontece en la carretera, sus potentes y resistentes equipo de frenos y un motor con el que tener una reserva de potencia bajo el pie derecho.
Noble y bien aplomado sobre el asfalto, el Focus ST se muestra como el más equilibrado y eficaz del terceto, gracias a su sensacional bastidor. Todo un auténtico superdotado sobre el asfalto, capaz de asimilar sin problemas su elevado potencial disponible. A todo ello se suma una suspensión con un buen grado de eficacia entre estabilidad y confort en marcha. Un peldaño más abajo se sitúa el Mégane Sport, todo un prodigio de agilidad llevado al límite, aunque requiere más destreza de manos cuando le provocamos. No obstante, cerca del límite ninguno de sus rivales son capaces de seguir su ritmo, ya que tracciona de maravilla, el motor empuja con genio, la suspensión se muestra de lo más firme y frena de auténtica locura. Es sin lugar a dudas el más efectivo en el paso por curva, ya que el tren delantero muerde mejor que ninguno el asfalto, mientras el trasero nos ayuda a redondearla maniobra. Sin embargo, la dirección no resulta todo lo informativa que quisiéramos. En el otro extremo encontramos el Astra OPC, un deportivo que exige al conductor tener más despiertos los cinco sentidos. La suspensión pilotada se muestra dura en modo normal y muy exigente en el "Sport". En los giros cerrados el control de tracción actúa de forma instantánea para aplacar las pérdidas de adherencia. Ante esta situación si queremos aprovechar al máximo su capacidad de aceleración basta volcar el pié sobre el acelerador cuando las ruedas se encuentren rectas. Aditivos «racing». Desde el punto de vista estético nuestros tres compañeros de viaje entran por los ojos en cuanto a aspecto visual se refiere. Aunque sobre gustos no hay nada escrito nos decantamos por la llamativa versión del ST Coupé, que luce una tonalidad anaranjada denominada "Racing Orange" donde llaman poderosamente la atención unas espectaculares llantas de 18 pulgadas generosamente calzadas y la doble salida de escape enla zaga. El resto de aditivos aerodinámicos se completa con las molduras laterales, el sugerente alerón trasero y una nueva calandra delantera. El Mégane le sigue a la zaga con: faldones específicos, discreto alerón, salida doble de escape, antinieblas muy expuestos y llantas de 18 pulgadas, un detalle que lo delata. El Astra por su parte pasa a ser el más desapercibido de este llamativo terceto. En este sentido, los elementos que lo diferencian del resto de versiones pasan por una gran toma de aire frontal, un alerón sobre la luneta trasera -al igual que el ST, la salida de escape central y las pinzas de freno en color azul como el resto de las versiones OPC. La tónica general continúa una vez nos adentramos en los habitáculos. Aquí el Focus ST luce sus mejores encantos con un interior de lo más llamativo gracias a incluir elementos como unos asientos firmados por Recaro en las cuatro plazas que ofrecen un formidable apoyo lateral. Sin embargo, la regulación en altura de la posición del conductor nos queda alta, resultando la posición de conducción menos deportiva del terceto. Su talante de corte deportivo muestra una instrumentación de lo más completa, que incluye indicadores de la presión del turbo, así como termómetro y presión del aceite. Elementos a los que se suma el pedalier de aluminio o el pomo y el volante forrados en piel. Astra y Mégane recurren a unos acabados más austeros con profusión de plásticos cromados a lo largo y ancho del salpicadero, así como pedalieres de aluminio en una posición perfecta. Sin embargo, el modelo de Renault se desmarca de sus oponentes con unos asientos tipo bacquet de sensacional factura, que aportan una postura de conducción excepcional. Por su parte, el Astra peca de una instrumentación demasiado escasa, ya que el conductor tan sólo cuenta en el cuadro con tres relojes: velocímetro, tacómetro e indicador del nivel de combustible. Veredicto: pasión frente a razón. A la hora de discernir cuál es el ganador de esta pugna GTi nuestro veredicto final queda del lado del Focus, ya que a la postre resulta el más equilibrado del terceto, por precio, estética y sencillez de conducción. Más ágil llevado al límite y de mejor frenada encontramos el Mégane, aunque su mecánica carece de una mayor fuerza en bajos y su acabado interior se ha quedado algo obsoleto, a pesar de contar con el equipamiento más completo del terceto. En el OPC encontramos el vehículo más pasional, pues genera sensaciones y de las grandes. No obstante, le cuesta digerir tanto potencial al suelo, convirtiéndose en el más difícil de llevar del terceto. De cualquier modo, estamos ante tres irresistibles placeres terrenales para todos aquellos amantes a la conducción.
#6 Muy buenas. yo me compre uno de 2 mano pero seminuevo con 50.000km y la verda esque no me arrepiento para nada. Se te ponen los pelos de punta al conducirlo. el unico fallo que le encuentro esque tanto coche para que luego en el ordenador de abordo no marca la hora que es xDD aunque...para que saber la hora que es cuando disfrutas tanto XDD salu2