Está visto que Citroen es una marca que no deja indiferente y que cada nuevo lanzamiento posee una carga de expectación que es difícil se dé en otra firma, a lo mejor porque pocas marcas como ésta han cultivado los avances tecnológicos en cada novedad. Pero ocurre que en el nuevo modelo C4, aparte de un cúmulo de innovaciones tecnológicas como es casi preceptivo con cada nuevo lanzamiento, se añaden elemento estéticos que rompen con la tradición de coches un tanto excéntricos. Una estrategia ya puesta de manifiesto con el urbano C2, todo un bombón este C4, tanto en su versión coupe (tres puertas) como en la berlina (cinco puertas) se le ha dotado de unas líneas muy atractivas que llaman la atención por lo estético y no por lo raro, como era la costumbre. Los Citroen de hoy son sencillamente bellos y reciben miradas de aprobación que no de extrañeza. La prueba de EFE corresponde en esta ocasión a la versión berlina de cinco puertas, diferente en trazos a la de tres o coupe más pensada para un público desenfadado y juvenil. En esta versión de un corte más familiar dominan la redondez, frente a la apariencia más afilada del modelo deportivo. Citroen ha establecido una diferencia de formas entre los dos modelos, pero no en cuestión de habitabilidad, ya que las cotas son idénticas, excepción hecha de la longitud que en el coupe es 1,3 cms más larga por la configuración del paragolpes trasero. De este modo, el C4 berlina adopta unas formas más tradicionales, pero sin perder originalidad. Es destacable la leve percepción de subida de la línea de cintura desde el capó al tren trasero. Visible en la forma es también como el paso de rueda trasera casi se mimetiza con el paragolpes como prueba de la ganancia de batalla para facilitar una habitabilidad que, igualmente, es reseñable. Hay un ángulo de caída muy leve del parabrisas del techo al capó y el portón de atrás adopta formas similares a las del C3, pero con trazos más contenidos. En esta trasera no se puede eludir el reparto de los pilotos saliendo desde lo más alto y bifurcándose hacia los laterales. El interior está dominado por una elección muy acertada de materiales y tonos. La sensación de buen acabado domina en el todo y los colores conjugan contrastes muy interesantes que dotan a este espacio de una más que agradable luminosidad. No faltan elementos prácticos como una guantera muy grande y algún habitáculo portaobjetos debajo de los asientos. Estos asientos ofrecen una gran comodidad y en la hilera delantera, además de facilitar ángulos muy amplios de visibilidad, también recogen las partes esenciales del tronco. Detrás hay espacio mas que suficiente para otros dos viajeros con el valor añadido en comodidad de una distancia entre hileras de hasta 17 cms, con los asientos delanteros retrasados al máximo. Solo se cuestiona un maletero que, aunque capaz, es menor en volumen al del antecesor Xsara. La instrumentación es quizás donde se detectan las carencias más visibles, no por razones cualitativas ni cuantitativas, sino por su dispersión, hasta el punto que se precisa de un periodo de adaptación tanto en su localización como en el manejo. Original es el cuentavueltas situado en la columna de dirección, muy accesible a la vista, como el cuentakilómetros y los distintos testigos que en formato digital se ubican en el frontal superior del salpicadero en un tono translúcido que facilita la visión. El problema radica en la cantidad de información que acumula y que puede inducir a confusión. Una seña de identidad en el C4 es el volante que gira en torno a una corona fija en el centro en la que se agrupan distintos mandos como el regulador de luminosidad de la pantalla del cuentakilómetros y el manejo del teléfono manos libres (bluetooth) para el que están adaptadas algunas versiones del modelo. La ubicación del claxon en esta corona, abajo del todo, es otro inconveniente porque obliga a dejar las manos del volante. Este cubo fijo en el volante aloja un nuevo airbag Lo mejor queda por descubrir. Citroen es una marca generalista, pero en equipamientos se acerca al estilo de las premium. En este sentido, el C4 da un paso adelante e incorpora algunos elementos ya ensayados en el C5. A reseñar el sistema que transmite vibraciones al asiento cuando a más de 80 kms/h el coche pisa repetidamente una raya fija o discontinua. No falta tampoco el sistema autodirecciónal de los faros, en las opciones de cruce y carretera, ni el limitador voluntario de velocidad, ni la alerta de neumáticos poco inflados, ni un sistema de ambientación en el propio salpicadero. El profuso comentario descriptivo quedaría incompleto sin delimitar las sensaciones mecánicas y dinámicas del C4. En cuanto a motor, la unidad probada recoge el 2.0 HDI de 138 CV, otro ingenio fruto de la colaboración entre Ford y PSA y que constituye el alto de gama en el ciclo diesel. Equipa el filtro antipartículas y se trata de un ingenio ya probado en el Peugeot 407, aunque en el C4 recibe dos caballos extra de potencia y unas modificaciones en el par motor que engrandecen su rendimiento. Se trata de un motor de muy altas prestaciones con recuperaciones más que dignas incluso en la parte baja del cuentavueltas, donde se ayuda del sistema "overboost" de asistencia extra de par en situaciones que requieren aceleraciones instantáneas. Su mejor comportamiento se detecta a partir de las 2.000 r.p.m. hasta las 3.500, aunque una vez alcanzado el máximo régimen de giro, tiene todavía fuerza para estirarse. El silencio de marcha está entre sus valores-punta y la asociación con una caja manual de seis velocidades permite óptimos escalonamientos. Un sistema Pseudo Mc Pherson en el tren delantero y una traviesa deformable asociada a una barra estabilizadora en el trasero se asocian para formar una suspensión que en ruta es muy neutra. Huye de balanceos y el grado de dureza está en relación directamente proporcional al confort del coche. En cuestión de apoyos a la hora de las trazadas en curva refleja una buena nota en estabilidad. La economía parte de los dos conceptos básicos. En consumo, bien a secas. No están mal los casi nueve litros registrados en la prueba. En cuanto a precio, alto en términos nominales, pero con los matices del equipamiento, donde no falta casi nada y se añade bastante, y que, tratándose de Citroen, las ofertas están a la orden del día.
Por Angel Alonso (EFE)
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