
El segmento de los monovolúmenes urbanos funciona muy bien en Europa y no tanto en España donde no acaba de arrancar. El problema es que este tipo de coches, que priorizan el espacio y la practicidad, son más caros que los polivalentes convencionales y en el segmento B, en nuestro mercado el precio y el diseño se anteponen a cualquier otra consideración. Pese a ello, éste es uno de los segmentos más innovadores porqué obliga a las marcas a aprovechar al máximo el espacio interior y a buscar fórmulas que faciliten la funcionalidad del coche. Y, en ese sentido, el B-Max es un ejemplo perfecto. Su sorprendente carrocería, con puertas de
Su sorprendente carrocería supone toda una revolución conceptual.
lanteras batientes y traseras corredizas sin pilar central supone toda una revolución conceptual que se traduce en una practicidad y una facilidad de acceso excepcionales sin que, sobre el papel, ello afecte a la rigidez del vehículo y a su comportamiento dinámico. Hemos probado este nuevo y sorprendente Ford B-Max con el motor Ecoboost de tres cilindros y 120 CV, una mecánica que destaca por su rendimiento -y por su consumo, no tan bajo como se anuncia- y que encaja como un guante en el planteamiento del B-Max como coche familiar no únicamente urbano.
Urbano ideal
Ford es la marca que tiene, en la actualidad, la gama de monovolúmenes más completa del mercado. El B-Max que probamos aquí cierra la gama por debajo y se une a una amplísima oferta que incluye los C-Max, Grand C-Max, S-Max y Galaxy y las versiones de pasajeros de sus modelos comerciales, el Connect y el Tourneo Custom que probamos aquí. La marca se ha mostrado además particularmente innovadora en este segmento ya que, por ejemplo, puede considerarse como la inventora del monovolumen deportivo con el S-Max (un coche que comparte plataforma y motores con el Galaxy pero que ofrece una estética y un comportamiento más deportivos) y fue capaz de desarrollar los C-Max y Grand C-Max con una estructura de puertas distintas; batientes en el modelo corto de 5 plazas y correderas en el largo de 7. Con el B-Max, la marca del óvalo azul vuelve a innovar con una propuesta inédita hasta ahora a nivel estructural al plantear un coche pequeño de cinco puertas con las delanteras convencionales y las traseras correderas y sin pilar central. La rigidez que se pierde con la ausencia de este elemento queda compensada, según la marca, con la fuerte estructura de las puertas que, al unirse en un montante muy ancho, generan la rigidez necesaria para que el coche no acuse la falta del pilar real.
La disposición de puertas tiene sus pros y sus contras. La principal ventaja es la practicidad. Con ellas es más fácil entrar y salir del coche, especialmente para los niños y también facilita colocar a los más pequeños en sus sillitas ya que la ausencia del pilar facilita los movimientos. Incluso, la posibilidad de abatir hacia delante el respaldo del asiento del acompañante (ver imágen) facilita las tareas de atar o desatar a los niños pequeños y sacarlos del coche. A la facilidad de acceso y de movimientos hay que sumar la habitual practicidad de las puertas correderas a la hora de subir y bajar del coche en lugares estrechos como aparcamientos en batería o subterráneos con columnas. En este caso, además, la ausencia de pilar central facilita también el acceso a las plazas delanteras.
Inconvenientes de las puertas
Vamos ahora con los inconvenientes que, a mi modo de ver son tres y perfectamente superables por lo que las ventajas se imponen. El primero es la afectación a la visibilidad lateral de los gruesos montantes centrales fruto de la unión de ambas puertas. La visibilidad tres cuartos hacia atrás se ve muy afectada y hay que vigilar especialmente las incorporaciones laterales. Nada a lo que uno no pueda acostumbrarse. Los otros dos problemas tienen que ver con el cierre de las puertas correderas desde las plazas traseras. Las puertas son pesadas y, una vez abiertas, su tirador queda muy retrasado respecto a la posición de los ocupantes.
Las puertas son pesadas y, una vez abiertas, su tirador queda muy retrasado.
Eso implica que hay que "ir a buscar la puerta" echando el brazo hacia atrás y desbloquear la puerta tirando de ella. Para un adulto, eso supone un cierto esfuerzo pero para un niño resulta muy complicado de manera que lo más probable es que las puertas las deba cerrar siempre un adulto. Eso no tiene más problema que el hecho de que siempre que suban niños habrá que bajar a cerrar puertas. Nada pues, de recogidas exprés a la puerta del colegio. Además, al cerrar, habrá que fijarse en que los niños no pongan la mano en la pieza que queda junto al asiento ya que al cerrar podríamos pillarles los dedos tal como podréis ver en el vídeo de la prueba. El último problema de las puertas tiene que ver con la organización al cerrarlas. Los pasajeros traseros quedan, al sentarse, en una posición retrasada con respecto a la puerta. Eso no tiene ninguna trascendencia más que al salir. Al no existir pilar central, la tendencia es a salir del coche hacia delante, especialmente si la puerta delantera está también abierta. Hay que tener, por tanto, la precaución de no cerrar de golpe la puerta delantera si alguien sale del coche por la trasera para no lastimarle.
Banqueta trasera amplia
Vamos ahora con la habitabilidad. El B-Max no es un coche muy ancho y su banqueta trasera tampoco lo es pero, sin embargo, resulta muy habitable y tres personas, incluso adultas, pueden acomodarse en ella con un alto grado de confort. ¿Cómo se explica eso? Muy fácil. La banqueta tiene una altura al suelo notable, el respaldo bastante recto y no tiene formas marcadas en las plazas exteriores. Además, el coche tiene unas formas cúbicas, con el lateral relativamente vertical. Eso hace que al sentarse, los pasajeros adopten una posición que, para entendernos rápido, se asemeja más a la de una silla que a la de un sofá. Es una posición cómoda, con la espalda bastante vertical y las rodillas en ángulo recto. Además, al no estar marcadas las plazas exteriores, los pasajeros que las ocupan pueden pegarse al lateral del coche sin que ello les reste confort y dejando espacio para una plaza central amplia y bien tratada, sin que el respaldo sea una tortura como pasa en otros coches y con espacio para los pies. El único inconveniente de esta banqueta es la poca sujeción lateral que proporciona cuando no se ocupa entera pero no se puede tener todo en la vida y, en este caso, el que tenga tres niños, agradecerá el diseño de la banqueta.
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Maletero muy modular
Delante, tiene un agradable diseño, con todos los mandos y palancas bien situados y la pantallita del sistema de audio en la parte superior pero muy pequeña. Demasiado. Ford dice que así no distrae. Desde luego, pero obliga a fijar en exceso la vista en ella cada vez que hay que consultar algo y no resulta práctica. Además, la cámara de retrovisión, también opcional, tiene mala calidad y un gran angular excesivo que obliga a interpretar lo que se ve en ella. Y echamos en falta más huecos para dejar objetos. Por lo que respecta al maletero es correcto para un coche de su tamaño ya que es superior al de cualquier modelo convencional del segmento. Es cierto que algunos de sus rivales ofrecen más capacidad pero sacrificando la habitabilidad. El maletero tiene doble fondo y puede ampliarse abatiendo los asientos traseros. Además, existe un pack que cuesta 200 euros y que incluye un protector de maletero con un lado enmoquetado y otro plastificado, un cajón de porexpan para situar bajo el falso piso y una red de sujeción.
Motor Ecoboost 120 CV
Nuestro B-Max disponía del motor 1.0 Ecoboost de 120 CV que ya nos había entusiasmado en el Focus. Pensábamos que, en un coche más pequeño -aunque no mucho más ligero- este motor estaría en su salsa y la verdad es que es así aunque con el pequeño matiz del consumo.
Nunca nos cansaremos de alabar el motor 1.0 EcoBoost de 120 CV.
Para los que utilicéis vuestro B-Max básicamente en ciudad, posiblemente el 1.0 de 100 CV sea una alternativa más razonable por el ahorro que supone de 800 euros a igualdad de equipamiento pero para los que se planteen un C-Max como primer coche familiar o los que vayan a hacer trayectos por carretera largos, es mejor recurrir a este de 120, más potente y elástico que el de 100 y más agradable de utilizar que el diésel de 95 CV. Este es un motor que no nos cansaremos de alabar. Es potente pero, sobre todo, es muy elástico. Sube de vueltas con presteza, acelera bien y recupera bien. En un coche como el B-Max, alejado de cualquier concepto de deportividad, este motor resulta perfecto para moverlo con cierta agilidad y para disponer de una reserva de potencia a utilizar en adelantamientos más seguros, por ejemplo.
Lo que no nos convenció fue el consumo, más elevado que en el Focus. La peor aerodinámica y el peso del B-Max no ayudan a acercarse a los 4,9 litros que Ford homologó para el modelo. Como ya sabéis, los consumos homologados no suelen coincidir con los oficiales pero, en este caso, están más alejados que en otros coches. Contad entre seis y siete litros en un uso mixto con más ciudad que carretera. En autopista a velocidad legal si pueden lograrse algo más de cinco pero en ciudad resulta imposible. Por lo que respecta al comportamiento, el coche acusa sus dimensiones (es estrecho y alto) pero el chasis tiene una puesta a punto acertada (no es muy blando de suspensiones sin llegar a resultar incómodo) y resulta estable. En curva tiene tendencia clara a subvirar y acusa un cierto balanceo pero en líneas generales es un coche que transmite confianza y que, gracias a la entrega franca del motor, disfruta de cierta agilidad. La dirección es rápida y ligera lo que garantiza una buena maniobrabilidad en ciudad aunque en carretera no le iría mal algo más de asistencia y los frenos tienen una buena modulación y una potencia de frenada correcta para un coche de este tipo.
Equipamiento peculiar
Por lo que respecta al equipamiento, esta versión Titanium X, la más equipada, despista un poco. Mantiene como opciones elementos como el climatizador o los faros y los limpias automáticos, habitualmente presentes en coches de este segmento con equipamiento tope pero, en cambio, ofrece de serie tapicería de cuero y asientos calefactables que nos parecen elementos más prescindibles. Sin ellos, la versión Titanium (sin la X), sale más económica. También es de serie el muy útil segundo espejo interior para echar, de vez en cuando, un vistazo a los niños. De entre las opciones merece destacarse el sistema SYNC que permite dar órdenes de voz al equipo de entretenimiento y telefonía y al navegador y es compatible con los smartphones. Además, dispone de la llamada de emergencia e-call que pone en contacto al usuario con una central de alarmas en caso de accidente o envía asistencia urgente en caso que el conductor no responda a la llamada. Entre las opciones comentar la disponibilidad del sistema activo de frenada que detiene el coche en los atascos sin necesidad de frenar, el acceso sin llave, realmente cómodo y asequible (300 euros) o la combinación de techo de cristal (muy luminoso) y llantas de aleación de 17 pulgadas que, combinados, se ofrecen por 480 euros.
En definitiva se trata de un coche realmente práctico y funcional, muy adecuado para uso en ciudad con niños. Es perfecto -tal vez con un motor y un equipamiento inferiores- como segundo coche familiar para moverse con ciudad, llevar niños arriba y abajo y acercarse al súper. En este sentido, es mucho mejor que cualquier polivalente convencional por la practicidad que ofrecen sus puertas y su banqueta trasera. Como primer coche familiar tampoco es descartable. Tiene espacio interior en un formato compacto, no resulta muy caro -hay versiones más baratas que la que hemos probado aquí- tiene un equipamiento correcto y va bien en ciudad y en carretera aunque en este caso, el maletero puede quedarse algo corto para las necesidades de una familia media, especialmente si los niños son pequeños y hay que llevar muchos trastos.
Video: Crator Produccions
con siete plazas, el mejor es el s-max