Más de lo mismo... ¡y eso es bueno!
El lanzamiento del CX-5 hace poco más de tres años marcó un antes y un después en la trayectoria comercial de Mazda. No sólo se trataba del primer SUV compacto del fabricante japonés, sino también el primero en adoptar el lenguaje de diseño Kodo (término que traducen como “alma del movimiento”) y el conjunto de tecnologías eficientes Skyactiv. Dos auténticas señas de identidad que a la larga han ayudado a consolidar la imagen de calidad que Mazda desea y puede transmitir.
Por aquel entonces el nuevo modelo de Mazda se adentraba en un segmento creado y dominado por el Nissan Qashqai; y el resultado fue un éxito indiscutible, llegando a convertirse en el modelo de Mazda más vendido en Europa y desde luego en el más popular de la marca en nuestro país.
Pese a todo, durante sus pocos años de existencia el panorama a su alrededor ha cambiado, y mucho. Han llegado las nuevas generaciones del propio Nissan Qashqai y del Toyota RAV4, mientras que otros viejos conocidos como los Honda CR-V, Ford Kuga y Mitsubishi ASX han actualizado su diseño y equipamiento. Y por si fuese poco, llegan
Se hacía necesaria una puesta al día en seguridad activa y conectividad.
nuevos jugadores con gran potencial como el Renault Kadjar y el Hyundai Tucson (si bien este último supone un reemplazo para el Hyundai ix35).
Por este motivo, aun siendo tal vez algo pronto para llevar a cabo un restyling en profundidad –más todavía cuando la imagen del SUV japonés apenas ha sufrido desgaste-, sí se hacía necesaria una puesta al día en seguridad activa y conectividad, aspectos en los que sus principales competidores han cobrado cierta ventaja. Pero los cambios realizados sobre el CX-5 no han quedado ahí: Mazda ha aprovechado la ocasión para elevar el confort de marcha, aplicando mejoras sobre diferentes elementos del vehículo. Veamos con más detalle qué es lo que cambia en el modelo de 2015.
Mejoras en seguridad, confort y conectividad
El apartado estético es el que presenta las novedades más discretas. Las modificaciones exteriores comienzan por la parrilla frontal, que presenta ahora un patrón de lamas horizontales. También se han rediseñado los encastres de los faros antiniebla, y cambia la estructura interna de las ópticas delanteras (con luz diurna LED y proyectores halógenos o LED según acabados) y traseras (también de tipo LED). Ahora los retrovisores son algo más pequeños, y la antena de tipo “aleta de tiburón” tiene una forma ligeramente distinta. Por último, están disponibles unas llantas de 19” y nuevo diseño para el nivel de acabado superior.
Los ingenieros de Mazda han revisado el esquema de suspensiones con el objetivo de mejorar la suavidad de su funcionamiento y la respuesta inicial de la dirección, se han actualizado todos los conjuntos muelle-amortiguador, con pistones de mayor diámetro en el eje trasero. También se ha alterado la forma de los casquillos de los brazos inferiores delanteros para mejorar la estabilidad del vehículo.
El conjunto de sistemas de seguridad activa i-Activsense suma nuevas posibilidades como parte del equipamiento opcional. Son de estreno en los faros adaptativos y direccionales (con emisores LED divididos en cuatro grupos independientes para evitar deslumbramientos) y el detector de fatiga, junto con una importante revisión del control de ángulo muerto y el sistema de aviso y prevención de cambio de carril. Asimismo están presentes un sistema de frenada automática de emergencia y control de crucero adaptativo.
La gama de motores crece hacia arriba con el nuevo propulsor de gasolina Skyactiv-G de 2.5 litros y 192 CV, si bien esta potente versión alcanzará con toda probabilidad escasas ventas en nuestro país, pues exige sumar la tracción integral y sólo está disponible con el nivel de acabado más completo. Por lo demás, la familia de motores permanece intacta, con los gasolina 2.0 Skyactiv-G en versiones de 165 CV (cambio manual y tracción delantera) y 160 CV (automático y tracción total), y los diésel 2.2 Skyactiv-D de 175 CV (sólo automático y 4WD) y el más popular 150 CV (disponible en automático y manual, con tracción delantera o a las cuarto ruedas). Nuestro coche de pruebas equipa este último propulsor, asociado a un cambio manual de 6 velocidades.
Más experiencia para una mejor experiencia
Aunque el aislamiento acústico sonora ya era bastante bueno desde el inicio, el CX-5 incorpora diferentes soluciones para mejorar la insonorización del habitáculo. Se ha aumentado el grosor de los paneles aislantes bajo el capó, el salpicadero y el suelo, así como el de los cristales de las ventanillas traseras. También mejora el sellado de las puertas, con nuevas juntas y mejores guarnecidos. La obsesión por reducir el ruido y las vibraciones ha llevado a revisar incluso el diseño de las alfombrillas.
El interior del vehículo presenta una leve mejoría en la calidad de los materiales de recubrimiento, incluyendo unas nuevas molduras satinadas que decoran el salpicadero. La consola central es ahora más ancha e incorpora un mando eléctrico para el freno de estacionamiento. La ausencia de la tradicional palanca facilita el manejo del mando HMI encargado de controlar el nuevo sistema multimedia.
El MZD Connect de nueva generación que equipa el CX-5 es similar al que ya hemos visto en los actuales Mazda2, Mazda3 y Mazda6. A diferencia de aquellos, su pantalla de 7” no se sitúa por encima del salpicadero sino que está encastrada en él, aprovechando el hueco ya existente en la versión anterior. El nuevo modelo se deshace de los botones físicos a ambos lados de la pantalla, aprovechando la capacidad táctil de esta última para navegar entre las diferentes opciones (lo que también se puede hacer, por supuesto, con el mando MHI). Sus nuevas capacidades de conectividad saldrán a relucir cuando emparejemos nuestro , a través del cual podremos acceder al correo electrónico y a las publicaciones de Facebook y Twitter (leídas por el sistema empleando síntesis de voz), además de escuchar música en streaming, podcasts y audiolibros mediante la aplicación compatible Aha. Y hablando de compatibilidad: lástima que el MZD Connect no esté preparado para trabajar con las plataformas Android Auto y Apple CarPlay.
El puesto de conducción continúa siendo tan amplio como antes y cuenta con un notable sentido de la ergonomía. No hay cambios en cuanto a visibilidad, que sigue siendo bastante buena hacia delante, correcta a través de la luneta posterior y algo pobre si hemos de mirar hacia atrás en tres cuartos para realizar maniobras. Pero sí agradeceremos la mayor comodidad de los asientos delanteros, conseguida gracias al empleo de una nueva estructura y espumas de mayor calidad.
Este cuidado por el confort de los ocupantes se traslada a la fila posterior, que cuenta con unas banquetas de mayor grosor y longitud. Al conservarse las dimensiones del vehículo (4,56 m de largo por 1,84 de ancho y 1,67 m de alto, con 2,70 m de distancia entre ejes) no cambia el espacio disponible para los pasajeros; que es en todo caso más que suficiente para personas de incluso 1,90 m de estatura. Como antes, la plaza central apenas servirá para salvarnos de alguna necesidad, ya que resulta muy estrecha, su respaldo es duro (sirve para cumplir como reposabrazos si lo bajamos) y el túnel de transmisión obliga a separar los pies a ambos lados.
El maletero hace gala del buen aprovechamiento de las dimensiones del coche. No es que sea enorme, pero hay que dar por buenos sus 463 litros (medidos hasta la bandeja). Cuenta como ventaja con la facilidad de acceso que le otorgan las formas rectas del portón -a cuya parte interior va enganchada la cortinilla extensible que lo cubre; un detalle bastante práctico-, pero se echa en falta la presencia de ganchos o argollas para sujetar la carga o colocar una red.
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Por supuesto, podemos aumentar la capacidad de carga abatiendo los asientos; operación que podemos con total sencillez empleando las palancas situadas en los laterales del maletero. Contamos además con la ventaja de que los tres asientos posteriores pueden ser abatidos de manera individual, ofreciendo un volumen máximo de carga de 1.620 litros si no necesitamos utilizar ninguno de ellos. Bajo el piso del maletero no encontraremos rueda de repuesto, sino un kit antipinchazos, un kit de herramientas y algunos huecos para depositar objetos pequeños.
Sota, caballo y rey son buenas cartas
Mazda permanece fiel a su política de equipamientos cerrados; un arma de doble filo ya que simplifica la elección por parte del cliente tanto como limita las opciones disponibles, que son relativamente pocas. El CX-5 está disponible en tres niveles de acabado: el básico Style, el intermedio Style+ y el completo Luxury.
Portando la misma configuración motriz del coche que hoy probamos (motor diésel 2.2 de 150 CV con tracción delantera), el Mazda CX-5 con acabado Style tiene un precio de tarifa de 26.125 euros. Su completo equipamiento de serie incluye llantas de aleación de 17”, climatizador automático dual, botón de arranque, volante multifunción en piel, radio CD-MP3 con manos libres Bluetooth, control de crucero, control de arranque en pendiente y control de presión de los neumáticos. Está incluido el pack Style, que añade la pantalla táctil de 7” más el controlador HMI, freno de mano eléctrico y encendido de luces coming & leaving home (que sirve para localizar el coche en un aparcamiento oscuro y facilitarnos el camino a pie).
El acabado Style+, el correspondiente a nuestro vehículo de prueba, tiene un precio de 30.125 euros con el mismo motor. Este nivel incluye luces de día, antinieblas y pilotos traseros de tipo LED, faros full-LED direccionales, sensores de aparcamiento delanteros y traseros y radio digital (DAB); y añade el pack Style+ (control de ángulo muerto y detector de tráfico trasero). Aparte de ello, el coche que véis en las fotos sólo añade la pintura metalizada Soul Red (670 €) y el navegador integrado (400 €), con lo que su precio de tarifa se queda en 31.195 euros. Para este modelo, Mazda ofrece actualmente la promoción 'FlexiOpción', que ofrece hasta 5 años de garantía y mantenimiento y la posibilidad de cambiar de coche a los 3 años, siempre que financiemos la compra del vehículo.
Finalmente, el acabado Luxury trae de serie llantas de 19”, acceso sin llave, faros full-LED adaptativos, asientos delanteros calefactables, navegador, cámara de visión trasera, sistema de sonido Bose con 9 altavoces, detector de fatiga y sistema de aviso y prevención de cambio de carril. Su precio con el motor diésel 2.2 de 150 CV es de 32.575 euros.
Muy rutero, poco deportivo
Que no nos engañe su apariencia de todoterreno, porque el Mazda CX-5 no lo es –aunque para ser justos, esta observación es aplicable a todos los SUV y crossovers del mercado-. De todas maneras, este japonés se defiende con mucha dignidad fuera del asfalto: sobre pistas sencillas, sin muchas piedras, podemos rodar deprisa y con toda seguridad, gracias a la nobleza del chasis, al buen balón que presentan sus enormes
Que no nos engañe su apariencia de todoterreno (ni la de ningún otro SUV).
ruedas con llanta de 17” y a su altura libre al suelo de 21,5 cm. Lógicamente la cosa se complica a medida que lo haga el terreno, saliendo entonces a relucir sus carencias. Ni su tracción delantera, ni la relativa dureza de las suspensiones, ni el dibujo de sus neumáticos, ni los ángulos de su carrocería nos invitan a salir del camino marcado (literalmente).
Pero todo tiene una contrapartida, y lo que en superficies rotas supone una limitación se convierte en una ventaja cuando llegamos a la autopista. Rodando a velocidad de crucero el CX-5 poco tiene que envidiar a una berlina, mostrando un aplomo, una capacidad de filtrado y un silencio de marcha que nos harían olvidar el tipo de coche que manejamos si no fuese por su puesto de conducción elevado. Sorprende igualmente la agilidad del coche en el entorno urbano, con una maniobrabilidad a baja velocidad impropia de su tamaño.
Donde menos me convence su conducción es en carreteras de curvas. Aquí debemos circular con calma si no queremos marear a la familia, ya que el nuevo ajuste de las suspensiones parece orientado más a la suavidad y al confort que a una respuesta más viva. Además, el coche se muestra claramente subvirador si tomamos curvas con cierta agresividad, obligando a trabajar al control de tracción antes de lo que desearíamos. Es en estas situaciones donde echaremos de menos las ventajas de un centro de gravedad más bajo: pero para eso hemos elegido un SUV ¿cierto? Este tipo de automóviles siempre incluye compromisos y sacrificios en las cláusulas de su contrato, que podrían resumirse en una sola: “el comprador asume y acepta que su automóvil será bueno en casi todo y el mejor en casi nada”.
Los 150 CV del motor 2.2 Skyactiv-D me parecen más que suficientes para mover el coche incluso con toda la familia. Mazda es uno de los pocos fabricantes que se resisten a sucumbir ante el downsizing; y lo sigue demostrando con motores como éste, capaz de satisfacer las exigencias de la norma Euro 6 sin renunciar a un cierto refinamiento de marcha (por fortuna, transmite relativamente poco ruido y vibraciones) ni a las virtudes que esperamos de un buen motor de gasóleo: potencia desde abajo, buenas recuperaciones y consumos razonables.
Incidiendo sobre este último apartado: como en casi cualquier automóvil, los valores que hemos registrado distan de lo prometido por las pruebas de homologación (unos muy optimistas 4,6 litros de gasóleo por cada 100 kilómetros). Pero todas maneras, no creo que podamos quejarnos de los consumos del CX-5 diésel de 150 CV. Circulando en autopista en llano y a velocidades legales lo normal es rondar los 5,5 litros, que pueden subir hasta los 7-8 litros en el centro de la ciudad. Al final de nuestra semana de pruebas por toda clase de vías, el resultado obtenido fue de unos más que
Un automóvil de calidad, con pocos defectos de importancia.
aceptables 6.1 l/100 km. Parte de la culpa de estos buenos valores recae sobre los largos desarrollos de su caja de cambios manual de 6 velocidades, que aun penalizando un poco las prestaciones cuenta con unas marchas bien escalonadas y un manejo muy preciso.
Por todo lo visto, el Mazda CX-5 me sigue pareciendo un automóvil de calidad, con una ingeniería muy cuidada, una estupenda relación entre dimensiones y habitabilidad; un coche sencillo de conducir y con pocos defectos de importancia. Un buen conjunto redondeado por este motor diésel de 150 CV que sabe equilibrar consumos, rendimiento y suavidad de marcha. Si estáis buscando un SUV de tamaño medio más por estética que por cualidades off-road, el modelo que estáis viendo en estas fotos me parece uno de los mejores que podréis encontrar.
Pero amigos, en coches.net nunca dejamos de lado el mercado de ocasión -¡ni mucho menos!-, en el que encontraréis ofertas muy atractivas para el Mazda CX-5 diésel de segunda mano.
Soy cliente de marcas japonesas. Toyota fue el primero. Nissan el segundo. Y este tercero, que tengo mucha más madurez, he estado valorando y estudiando mucho las diferentes marcas japonesas. Y, con bastante diferencia, hay una que gana sobre las demás. La más fiable, la más segura y la que más recomiendan sus clientes es...HONDA Personalmente, hablé con la Organización de Consumidores y Usuarios, y efectivamente es así. Era una marca, que personalmente deconocía(sólo civic y CRV me sonaban). Pues bien, fui a un concesionario en Valencia, donde me atendió un tocayo mío, y además del trato espectacular, consiguió convencerme(y le doy las gracias) para adquirir un HRV 1.6 Diesel Executive. Estoy encantado. La única pega, por decir algo, es que no lleva la rueda de repuesto(pero al final me la regaló). Así que no lo dudéis, HONDA, HONDA y sólo HONDA, Aunque para gustos, marcas de coches. ;)