Mayoría de edad

El Mazda2 llega a su tercera generación, la sexta si contamos las tres anteriores del Mazda de segmento B que, entonces se llamaba 121. La verdad es que la vida de este modelo ha sido muy heterodoxa y casi diría que haciendo bandera de la indefinición. Me explico; el primer 121 era un rústico utilitario que, una vez descatalogado como Mazda, hizo carrera bajo el nombre de Kia Festiva/Pride en todo el mundo; el segundo era un simpático cochecillo con forma de burbujita en una época en que el Nissan Micra triunfaba con ese diseño y el tercero, fruto de los acuerdos entre Ford y Mazda, no era más que un Fiesta remarcado.
Cuando Mazda cambió la nomenclatura de sus modelos, el Mazda2 siguió ocupando la parte baja de la gama. El primer coche con ese nombre era un monovolumen de segmento B, sustituto del Demio y que no tuvo el éxito esperado, entre otras cosas porque el segmento empezaba ya a decaer. Y el anterior Mazda 2 era un segmento B a la japonesa, es decir, como el Toyota Yaris o el Nissan Micra, modelos más pequeños que la habitual oferta europea en el segmento, con la funcionalidad y la fiabilidad como grandes argumentos pero sin versiones tope de gama.
Con estos precedentes, la nueva generación vuelve a cambiar de tercio aunque, esta vez, de manera mucho más acertada. Ahora sí, el Mazda2 es un coche de segmento B asimilable a la gran mayoría de sus rivales europeos. Mide 4,06 metros de largo, lo que le sitúa entre los más grandes del segmento (el Clio y el Ibiza miden lo mismo y el resto son ligeramente más cortos), tiene un maletero de 285 litros, en la zona media del segmento, por así decirlo (Fabia, Clio, Fiesta, i20, Rio y C3 disponen de algunos litros más) y ofrece un acabado y un equipamiento muy interesantes así como una mecánica de gasolina de buen rendimiento y consumo razonable. Y todo ello a un precio atractivo.
Estética Kodo
Estéticamente sigue la filosofía de diseño de la marca, que Mazda llama KODO y que se caracteriza por un capó muy bajo, con los laterales marcados, una parrilla de forma característica y una línea lateral claramente en cuña que reduce un tanto la luminosidad en las plazas traseras. El Mazda2 se parece mucho al nuevo Mazda CX-3, el SUV de segmento B de la marca que aparecerá en las próximas semanas.
En el interior, el diseño se combina con buenas dosis de funcionalidad. El salpicadero tiene un diseño muy lineal, con un filete que recorre la rejilla de aireación central y los divide longitudinalmente. El diseño, completamente asimétrico, sitúa tres aireadores circulares en el propio salpicadero y la pantalla del navegador en la parte superior del mismo, a una altura ideal para consultarla cuando se conduce sin desviar en exceso la vista. Aunque es táctil y, por lo tanto, puede accionarse directamente, la pantalla dispone de un mando situado junto a la palanca del freno de mano, accesible tanto para el conductor como para el acompañante.
Con este mando controlamos todo aquello que puede modificarse en el coche, desde la configuración de las luces, los limpias o el bloqueo de puertas hasta el navegador (opcional), el equipo de audio, el teléfono móvil, que se conecta vía Bluetooth o el programa de mantenimiento. La instrumentación es completa aunque algo rara. El velocímetro está en posición central y es analógico mientras que el cuentarrevoluciones es digital y más pequeño y queda situado a la izquierda. A la derecha esté el indicador de nivel de gasolina y el ordenador de a bordo. El único problema del diseño de esta zona es que crea numerosos recovecos donde posiblemente se acumulará el polvo.
Los asientos delanteros son cómodos aunque no recogen el cuerpo en exceso, los mandos quedan todos a mano, tenemos suficientes huecos para vaciar los bolsillos sin problemas y el apoyo para la pierna izquierda es correcto. La verdad es que es fácil hacerse con una buena posición al volante, de muy buen tacto, por cierto, con su tapizado de piel y con el tamaño correcto.
Cabe destacar que nuestra unidad de pruebas disponía del paquete de decoración interior Red (rojo) que incluye una serie de detalles en rojo (aireadores y adornos de la consola) más la tapicería y las contrapuertas también en este color y una franja blanca en la parte inferior del salpicadero con un agradable acabado. El precio de este paquete es de 300 euros, un precio que no me parece nada descabellado para dar un aire completamente diferente al habitáculo.
Las plazas traseras, por su parte, son interesantes ya que la central es de las más cómodas del segmento. El mullido de la banqueta y del respaldo es confortable y aunque con las lógicas extrecheces derivadas de la anchura del coche, propia de un segmento B, tres personas pueden acomodarse detrás sin que el que ocupa el asiento central tenga la sensación de que le ha tocado la peor plaza. La distancia para las piernas es normal para un coche de este tipo.
El maletero no llega a 300 litros, que es lo razonable pero tiene unas formas muy aprovechables y la banqueta trasera se abate por mitades asimétricas para aumentar el espacio disponible de carga. En este sentido, no hay nada en el maletero que nos lleve a preferirlo al de cualquiera de sus rivales. El abatido de los asientos traseros genera el típico escalón desde el piso del maletero pero la superficia del propio asiento abatido es bastante plana. El coche dispone además de dos anclajes para sillitas Isofix con tres puntos de sujeción.
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Motor de gasolina de buen rendimiento
El motor de este Mazda2 es de gasolina. La marca ofrece tres versiones con este combustible, uno con 75 CV, ideal para los que sólo uséis el coche en ciudad, el de 90 CV que probamos y otro de 115 CV. Este motor de 1,5 litros, una cilindrada bastante elevada para lo que se lleva en el segmento, tiene una respuesta interesante de medio régimen para arriba y no gasta en exceso. Lograr consumos de entre cinco y seis litros no resulta nada complicado y si apuramos las posibilidades del chasis en carreteras reviradas, no llega a gastar más de 7 litros, que tampoco es tanto.
El consumo homologado del modelo es de 4,9 litros de manera que no hay mucha diferencia entre éste y el real si conducimos de manera económica. El propulsor tiene inyección directa pero es atmosférico ya que Mazda no ha sucumbido a la moda de los turbo de baja cilindrada o a la amputación sistemática de un cilindro tan habitual últimamente. Así, tenemos un motor de gasolina como los de antes pero con más par a medio régimen de lo que solían proporcionar aquellos famosos 16 válvulas de ahce una década.
La elasticidad, no obstante, no es el fuerte del propulsor. El par máximo no se consigue hasta llegar a las 4.000 rpm, de manera que, hasta que no se llega a las 3.500, la respuesta es discreta, lo que obliga a tirar del cambio, bajando marchas y, por lo tanto, incrementando el régimen de giro, para lograr unas buenas recuperaciones. Esto se acentúa a coche cargado y Mazda no ha decidido montar en este coche un cambio de seis marchas que habría apoyado al motor con mayor soltura al acortar los desarrollos. Los de las primeras marchas están bastante logrados pero tanto la cuarta como la quinta son bastante largas lo que puede provocar que debamos incluso bajar a tercera en un repecho largo de autopista, por ejemplo, para mantener la velocidad.
Ágil y dinámico
Dinámicamente es un coche interesante. Lo mejor de todo es que Mazda ha conseguido hacer un coche ligero, que no llega a los 1.000 kilos de peso en vacio y le ha dotado de un chasis muy bien puesto a punto. La suspensión tira a dura y, de hecho, exige velocidad lenta en los ralentizadores si no queremos castigar a los ocupantes pero en carreteras en buen estado y autopistas es un coche cómodo y en carreteras de curvas apenas balancea de manera que dan ganas de llevarlo alegre.
Lo mejor de todo es la sensación de agilidad que transmite. Entra en las curvas realmente bien, apoyado en una dirección muy precisa y tiene un eje trasero eficaz que redondea muy bien la curva. El coche sólo tira de morro si vamos pasados ya que de lo contrario es muy noble, casi neutro en su comportamiento en curva. Además, transmite confianza al volante y mucha seguridad. Bien apoyado por un cambio con acertadas relaciones y un motor que pone mucha voluntad de 2.000 vueltas para arriba, es un rodador agradable que sabe sacar partido de sus cualidades cuando toca mostrarse algo más incisivo.
En ciudad es manejable y fácil de conducir, aunque hay que tener en cuenta que no debemos dejar caer mucho el motor de vueltas si queremos recuperar con rapidez. Sus dimensiones, su buena visibilidad y su confort le convierten en un coche muy adecuado para desenvolverse en ciudad y, por lo tanto, además de como primer coche para personas solteras o parejas jóvenes, es más que planteable también como segundo coche familiar para un uso esencialmente ciudadano.
15.950 de precio de salida
Vamos finalmente con el tema del equipamiento y el precio. Nuestra unidad era una Style Plus con el paquete RED (por el rojo del interior) y el paquete Confort. Esto significa que cuesta, con este motor, 15.950 euros. El Confort es como cualquier otro Style Plus, ya con la pantalla central con mando y llantas de aleación de 15 pulgadas pero, además, con climatizador, sensores de aparcamiento traseros y faros y limpias automáticos pero además, la marca regala los cristales traseros sobretintados, el avisador de cambio de carril y los antiniebla. A todo ello le añadimos el pack red decorativo (300 euros) y el navegador (400) más la pintura metalizada (otros 420) de manera que nuestra unidad nos queda en 17.070 euros.
Sobre este precio hay que descontar 1.710 euros de la promoción en vigor más, en el caso en que eso sea posible, los 1.000 del Gobierno para el Plan PIVE. Eso nos deja el precio final del coche en 15.360 euros sin el PIVE y 14.360 con él; un precio realmente competitivo teniendo en cuenta el equipamiento del coche y las cualidades que hemos reseñado.
Llevan tambor los tres KILLOOL a ver si tente ras Killol