Suzuki ha reinventado su Ignis para convertirlo en un pequeño crossover urbano de 3,70 metros de longitud, con 260 litros de maletero y una fila posterior de asientos deslizante que permite duplicar la capacidad de carga. Lo probamos en su versión de gasolina 1.2 Dualjet de 90 CV con caja manual de 5 velocidades. Con el acabado GLX, el más completo de la gama, su precio parte desde los 16.370 euros (14.820 € con descuento de marca).
La japonesa Suzuki ha acumulado cierta experiencia a la hora de recuperar denominaciones populares para dar nombre a nuevos modelos bien distintos de sus originales. Fijaos si no en los casos de Vitara y Baleno. Más recientemente, la historia ha vuelto a repetirse con el Ignis, un monovolumen de tamaño compacto reconvertido ahora en crossover urbano de cinco puertas, a medio camino entre un utilitario y un SUV de pequeña talla.
Sus dimensiones de 3,70 m de largo, 1,69 m de ancho y 1,60 m de alto lo encuadran en el segmento A. Por tamaño y morfología, su rival más próximo es el Fiat Panda (y no solamente por su estética todocamino sino porque también puede ser 4x4) pero el Suzuki Ignis tampoco se aleja tanto de urbanitas más “puros” como los Opel Karl, Kia Picanto, Hyundai i10 y Seat Mii.
Extrovertido como él solo
Si por algo destaca frente a la competencia este pequeño japonés es por su diseño exterior, realmente divertido, muy moderno por una parte pero sin esconder guiños al pasado, como las tres hendiduras del pilar C que también lucían décadas atrás los Suzuki Cervo y Fronte. La silueta del coche es peculiar, desde luego, con una cintura muy elevada, una línea del techo completamente recta, superficies de cristal con aristas muy marcadas, una distancia al suelo relativamente grande (18 cm) y las consabidas protecciones de carrocería. Tal vez la sección más divisiva sea su zaga, con unas ópticas cuyo diseño resulta más simpático que afortunado.
Siguiendo la moda, podemos adaptar el exterior a nuestro gusto con 9 tonalidades de carrocería, cinco de las cuales admiten contraste con el techo en negro. Las llantas pueden estar pintadas en negro brillante, como es el caso de nuestra unidad de prueba, correspondiente al nivel de equipamiento GLX, más completo que el básico GLE. La versión GLX se distingue a simple vista por su parrilla con detalles cromados, por sus retrovisores con intermitentes integrados y por equipar faros LED de serie.
Sorprendentemente espacioso y práctico
El puesto de conducción presenta una calidad de materiales y acabados más que decente para un vehículo de este segmento; y podemos personalizar su estética aplicando colores de contraste naranja o titanio para las molduras, los tiradores de las puertas y los asientos. El salpicadero exhibe un diseño agradable y su ergonomía está bien trabajada, con pocos mandos a nuestro alrededor y bien distribuidos por el volante y la consola central. Esto se debe en parte a la presencia de una pantalla táctil de tipo tablet con 7” de diagonal, situada donde debe estar: en la parte superior del salpicadero. Es perfectamente legible a plena luz del sol, su manejo es sencillo y ofrece compatibilidad con Android Auto y Apple CarPlay. El cuadro de instrumentos está bien organizado y emplea una pantalla digital de buen tamaño para mostrarnos la información del ordenador de a bordo.
Los asientos delanteros me han parecido cómodos. Se agradece que puedan ser calefactados como opción y que sus formas sean envolventes -cosa que no suele suceder en los utilitarios- aunque su acolchado es blando; hubiese preferido una mayor firmeza para afrontar viajes largos. Por desgracia el volante no es regulable en profundidad, lo que a algunos les dificultará encontrar la postura de conducción ideal. En el lado positivo, la visibilidad es buena, incluso por luneta trasera; los cinturones son regulables en altura y, cosa importante en este tipo de coches, disponemos de bastantes huecos donde dejar objetos.
El Suzuki Ignis está homologado para cuatro plazas, pero hay que dejar claro que dos personas adultas pueden viajar detrás con sorprendente comodidad. El techo queda muy alto, sobra espacio para las rodillas y la ausencia de una plaza central concede anchura extra a las dos existentes.
Como cualidad añadida, el Ignis ofrece una modularidad más propia de un monovolumen, de manera que podamos equilibrar en función de las necesidades el espacio disponible para los pasajeros y para la carga. Los respaldos, divididos en proporción 50:50, pueden ser situados en dos inclinaciones distintas o abatidos por completo; y además, las banquetas son deslizables de manera independiente. Así, con los cinco asientos en uso, la capacidad del maletero es de unos muy decentes 260 litros (204 l en la versión AllGrip, cuyo sistema de tracción total roba algo de espacio); si adelantamos ambos asientos la capacidad de carga asciende a 514 l (490 l en la versión 4x4), y si plegamos los respaldos obtendremos un total de 1.100 l (1.086 en el modelo AllGrip).
Ideal para la ciudad; no tanto para la carretera
El Suzuki Ignis es un coche pensado para desenvolverse con soltura en la ciudad, más todavía en las versiones con tracción delantera. Tiene a su favor cualidades como un reducido diámetro de giro de 9,4 m, un peso ligerísimo (apenas 855 kg en la unidad probada, con tracción delantera) y una enorme facilidad para moverse por callejuelas estrechas; pero como veremos enseguida, las tornas cambian al salir a la carretera.
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Es cierto que la experiencia de conducción puede ser agradable si nos tomamos las cosas con calma, pero el Ignis no es el tipo de coche que uno se compra para disfrutarlo al volante. Para empezar, la propia dirección es algo imprecisa y obliga a hacer pequeñas correcciones para mantener una línea completamente recta. Las suspensiones son secas al inicio de su recorrido pero a partir de ahí se vuelven blandas, lo que en unión con la elevada altura al suelo provoca inclinaciones de la carrocería al enlazar curvas. En este mismo sentido, las salidas fuertes desde parado provocan que la dirección llegue a flotar, y en frenadas de cierta intensidad notaremos tendencia al cabeceo. Y tampoco me ha convencido su capacidad de frenada, suficiente en cualquier caso pero inferior a lo deseable.
El único propulsor montado por el Ignis es el 1.2 Dualjet, un atmosférico de gasolina con cuatro cilindros que entrega 90 CV a 6.000 rpm, con un par máximo de apenas 120 Nm a 4.400 rpm. Como opción, está disponible en una variante micro-hibrida SHVS de idéntica potencia pero que reduce levemente los consumos (4,3 l /100 km frente a 4,6) y emisiones (97 g CO2/100 km contra 104), gracias en parte a que incorpora un sistema de arranque y parada del motor. En esta ocasión hemos probado el Dualjet “estándar”, carente de hibridación.
Se trata de un motor de potencia suficiente para uso en ciudad, donde mueve al pequeño utilitario con cierta alegría. En mi opinión se queda algo justo para viajar por autopista; y su escasez de par afecta negativamente a las recuperaciones, más todavía si viajamos con cuatro personas a bordo. Dicho esto, cumplirá adecuadamente para el uso ocasional en carretera, siempre que tengamos en cuenta sus limitaciones -y el hecho de que necesita 12,2 segundos para acelerar de 0 a 100 km/h-.
El 1.2 Dualjet puede llevar una caja de cambios pilotada de 5 velocidades, o como es nuestro caso, una caja manual con el idéntico número de relaciones. Me ha gustado por su precisión, por su buen tacto y porque los recorridos de la palanca son cortos. Como aspecto negativo, el recorrido útil del pedal del embrague es muy corto, de manera que es fácil hacerlo patinar o desconectar la transmisión por completo. Cuestión de práctica, en todo caso. Con esta combinación de motor y cambio, el consumo medio obtenido al final de nuestra prueba fue de 5,6 litros por cada 100 km recorridos, un valor sorprendentemente próximo a los 4,6 litros que marca su homologación.
No es barato pero viene muy bien equipado
El equipamiento del Suzuki Ignis puede ser muy completo, considerando la categoría en la que está encuadrado este automóvil. El modelo básico, denominado GLE, trae de serie llantas de aleación de 16”, barras de techo, cristales traseros tintados, retrovisores eléctricos calefactados, volante multifunción, aire acondicionado, asientos delanteros calefactables, sistema de audio con Bluetooth y pantalla táctil con cámara de visión trasera. Los precios del Suzuki Ignis GLE parten desde los 14.620 euros, que con la promoción actual de la marca se quedan en 13.070 €.
Por 16.370 euros (14.820 € con descuento) accederemos al nivel de acabado GLX, correspondiente a la unidad probada. Suma a lo ofrecido por el GLE los faros con proyectores LED con regulación automática de altura, antinieblas delanteros halógenos, luces diurnas LED, retrovisores con intermitentes integrados, arranque sin llave, climatizador, navegador, volante de cuero, elevalunas eléctricos traseros, regulador y limitador de velocidad, control de ascenso y descenso de pendientes. Además, el sistema de doble cámara frontal DCBS permite incorporar asistentes de conducción como el control predictivo de frenada, la alerta de cambio involuntario de carril y la detección de fatiga del conductor. Como suele ocurrir con las marcas japonesas el equipamiento es cerrado, y la única opción disponible es la de elegir una pintura metalizada o de dos tonos para la carrocería. Sumando a nuestra unidad los 344 € del tono Azul Neón Metalizado, su precio se queda en 16.714 € (15.164 € con el descuento oficial de la marca, sin contar posibles rebajas por parte del concesionario).
Puede que el Suzuki Ignis no sea el utilitario más barato del mercado, pero sí uno de los que más equipamiento, espacio interior, modularidad y capacidad de personalización nos van a ofrecer a cambio del precio exigido. Y si queréis saltaros el guión establecido y elegir un coche “diferente”, sin duda éste debería estar en vuestra lista de candidatos.